miércoles, 25 de julio de 2018

EL AGUA DE RESERVA







EL AGUA DE RESERVA



Érase una vez, hace muchas, muchas lunas, que en un reino
más allá de los  mares,  vivía  el  anciano  Khor,  un  ser  que  gozaba  de  gran  fama  por sus   lúcidas   intuiciones   acerca   de   los   acontecimientos   que   se avecinaban.

Un día, el anciano Khor ascendió a la montaña y desde lo alto dirigió a todo el género humano una advertencia:

"En cierta fecha", dijo, “todas las  aguas  del  mundo,  desaparecerán para,  más  tarde,  volver  nuevamente  a  fluir,  pero  ¡Atención!  Desde entonces,  brotará  un  agua  diferente,  un  agua  que  al  ser  bebida, enloquecerá y desviará a los hombres de su coherencia fundamental.

Acrón y Turak, dos hermanos artesanos que permanecían atentos a las
inspiradas  palabras  de  los  ancianos,  prestaron  oídos  al  significado  de esta advertencia, así que comenzaron a recoger agua de su manantial y depositarla en grandes tinajas a fin de guardarla en lugar seguro. Con esta   medida,   los   dos   hermanos   pretendían   mantener   la   cordura mientras fluyese el agua contaminada que el sabio había anunciado.

Y  efectivamente,  en  la  fecha  indicada,  los  torrentes  dejaron  de correr, los pozos se secaron, y tras tres días de sequía e inquietud, de nuevo  las  aguas  comenzaron  a  correr.  Acrón  y  Turak,  viendo  lo  que estaba  ocurriendo,  se  dirigieron  a  su  refugio  y  bebieron  del  agua  que habían guardado.

Al cabo de dos semanas, decidieron visitar el poblado y pasear por sus calles para observar lo ocurrido entre sus  habitantes.  Tras  recorrer las  plazas  y  los  mercados,  comprobaron  asombrados  que  las  gentes pensaban  y  hablaban  de  forma  totalmente  diferente  a  la  anterior.  Ni siquiera tenían memoria de lo que había sucedido. Tampoco recordaban haber sido prevenidos.  Y  además,  cuando  los  dos  jóvenes  trataban  de comunicarse  con  cualquiera  de  ellos,  recibían  respuestas  absurdas  e incoherentes.

Acrón   y   Turak,   no   tardaron   en   darse   cuenta   de   que   todos   los habitantes de aquel poblado se habían vuelto  locos.  Aquellas gentes
parecían  perturbadas  y  mostraban  hostilidad  o  compasión  en  lugar  de la lógica habitual que los dos jóvenes esperaban.

Acrón  y  TuraK  regresaron  rápido  a  su  refugio  y  durante  las  primeras
semanas  bebieron  del  agua  que  habían  guardado  en  sus  tinajas.  Pero
finalmente,  al  cabo  de  40  días  de  soledad  y  resistencia,  Turak  no
aguantando  más,  tomó  la  decisión  de  beber  de  la  nueva  agua  por contaminada  que  estuviese.  Turak reconocía no poder soportar  su
aislamiento  por  la  diferencia  de  orientación  entre  su  mentalidad  y  la del resto del mundo.

Aquella  mañana,  Turak  se  despidió  de  un  Acrón  que  había  decidido
permanecer,  esperar  y  permanecer  fiel  a  sus  Valores,  atestiguando  lo que sucediese.

Al  poco,  Turak sació  su  sed  con  la  nueva agua  y,  de  repente,  se  volvió como los demás.

Al poco, se  produjo  la  transformación.  Turak olvidó completamente
todo  lo  referente  al  agua  especial  que  tenía  almacenada,  y  cuando
volvió  al  poblado  y  se  entremezcló  con  sus  amigos y  vecinos,  todos comenzaron a mirarlo asombrados y decir con júbilo:

¡Mirad!  Es la primera  vez  que  un  loco  ha  sido  restituido milagrosamente a la cordura.

Autor José María Doria








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